La respuesta corta: la página oficial de tu negocio es gratis, y sigue estando. No es una prueba de treinta días ni una versión recortada esperando que te canses. Vale la pena decir con precisión qué hay adentro, porque «gratis» es la palabra que más se usa para decir otra cosa.

Qué hay adentro

Lo que alguien busca antes de salir de la casa: cómo se llama tu negocio, dónde estás, cuándo abrís, cómo te contactan, tus enlaces, las preguntas que te hacen siempre, y tus fotos. Con tu nombre en la dirección — no una carpeta adentro del sitio de otro.

Y el QR, para pegar en la puerta, en la mesa o en el mostrador. También gratis, siempre. Su trabajo es que la dirección circule; cobrarle a eso sería cobrarnos a nosotros mismos.

Ningún campo es obligatorio. Si hoy sólo querés cargar el horario y el teléfono, la página existe igual con eso.

Quién escribe cada cosa

Esta parte es la que conviene entender bien, porque es la que decide lo demás.

Los datos los cargás vos. Desde un formulario, sin usuario y sin contraseña. Es a propósito: son los datos de tu negocio y nadie los tiene que adivinar por vos. Ningún paso necesita que nosotros escribamos nada.

Nosotros revisamos antes de publicar. Ninguna página sale con el nombre de un negocio sin que una persona la mire antes, y las fotos se revisan sin excepción. Eso es lo que sostiene la palabra: si cualquiera pudiera publicar cualquier cosa con el nombre de un local, «oficial» no querría decir nada.

Y hay dos campos que no se editan: el nombre de tu negocio y su dirección web. No son datos, son la identidad — la que se aseguró y la que verificamos que es tuya. Si fueran editables, no serían identidad.

Podés ver cómo se ve una antes de tener la tuya, en oficial.ar/demo.

Dónde está la línea con lo que se paga

No es cuánto sale. Es qué se carga una vez y qué se pone viejo solo.

Tu dirección no cambia. El teléfono tampoco. Los horarios cambian de vez en cuando y los podés corregir vos, en el mismo formulario donde los cargaste. Eso es lo gratis, y alcanza para el trabajo que hace la mayoría de las páginas.

Lo que cambia todas las semanas es otra cosa: la carta. Sube un precio, entra un plato, se acaba el pescado del día. Esa parte no es autogestionada por diseño — no porque sea difícil, sino porque mantenerla al día es un trabajo que vuelve cada semana, y ahí es donde «cargalo vos» deja de alcanzar. Eso es lo que se paga: no el lugar, el que lo sostiene.

Dicho al revés: lo gratis es tuyo y lo mantenés vos; lo pago es tuyo y lo mantenemos nosotros.

Por qué no tiene fecha de vencimiento

Porque no es una promoción. Una promoción se define por cuándo termina, y esto no termina.

Que exista una página oficial por negocio, con su nombre, no depende de que ese negocio nos pague: es lo que hace que la dirección signifique algo cuando alguien la ve escrita. Si estuvieran sólo los que pagan, la dirección dejaría de decir «este es el negocio» y pasaría a decir «este contrató algo» — y ahí se cae lo único que la hace útil.

Lo gratis no es el anzuelo. Es la puerta, y está pensada para quedarse abierta.

Lo que conviene preguntarse

Antes de comparar precios de nada, la pregunta útil es más simple: de toda la información que tu negocio tiene publicada por ahí, ¿cuánta se carga una vez y cuánta se pone vieja sola? La primera lista es más corta de lo que parece. La segunda es la que te está costando plata sin que aparezca en ninguna factura.